Todo empezó con una velada de lujo como su propia esencia, en otro icónico alojamiento, el exclusivo Campos Polanco. Ahí preesentes, amigos de la casa, mesa larguísima decorada con flores y velas, y todo lo que ha hecho que Matilda sea Matilda desde 2010: arte, diseño, buena hospitalidad y cocina que sí importa.
En el centro de la escena culinaria de la noche, Vicente Torres el célebre chef de Moxi el restaurante insignia se Matilda, quien ofreció un menú que se degustó entre aplausos y sin pretensiones raras. Nos deleitó con una crema de lechuga con yema marinada y merengue de betabel; el lenguado con almejas y chícharo tierno; short rib con salsa de trufa y toffee de zanahoria; y un helado de limón con albahaca y limoncello para cerrar.
Arte contemporáneo, diseño e interiorismo conceptual y gastronomía de altos vuelos, son su mejor carta de presentación y estandarte, que lo han convertido en refugio de celebridades y viajeros conocedores que buscan bienestar, esilo y experiencias inolvidables
Para brindar como siempre, los que han estado desde el principio, Casa Dragones, que es casi familia de Matilda, con sus tequilas Blanco y Joven, así como BLN Brands que llegó con champaña Louis Roederer, que siempre rocía bien a una buena cena.
Como gran epílogo, Video Mapping Querétaro montó una proyección que nos trasladó unos momentos a San Miguel. Un detalle simple pero que funcionó, recordando dónde nació todo.

Bruce James, el anfitrión y director general del hotel afirmó: “Queríamos crear algo que fuera más allá de un hotel” Y lo logró, con 32 habitaciones de lujo contemporáneo; una colección de arte que parece galería; un spa que definitivamente renueva y sus restaurantes Moxi y Bovine como epicentros del sabor. Por eso Condé Nast y Travel + Leisure lo han puesto arriba tantas veces, y hoy también presume su primera Llave Michelin.
